miércoles, 21 de julio de 2010

Historias (3ª parte)

Habían pasado como seis o siete años desde aquella llamada o, al menos, eso pensaba Xavier. Desde luego algo había cambiado en él. Seguía absorto en su trabajo y sus negocios pero su mente estaba inquieta continuamente y a veces, cuando salía de la ciudad, la dejaba volar. A veces se iba tan lejos que le costaba varias horas regresar, pero sin duda, era cuando más merecía la pena.

Solía imaginar una bonita cena, con una buena conversación y una inmejorable compañía. Solía imaginar bonitos finales, de los malos ya se encargaba la propia realidad. En esos finales no había tristes despedidas ni prisas. Todo llegaba en su debido momento. Al acabar la cena, la conversación seguía en algún lugar de luz baja, buena música y poca gente, de esos que le gustaba visitar cuando tenía algo de tiempo libre.


- ¿Y después?
- Ya sabes qué pasa después.

lunes, 5 de julio de 2010

¿Te mareas o te asustas?

"Dijo una vez:
- Mochuelo,¿es posible que si cae una estrella de ésas no llegue nunca al fondo?
Daniel, el Mochuelo, miro a su amigo, sin comprenderle.
- No sé lo que quieres decir - respondió.
El moñigo luchaba con su deficiencia de expresión. Accionó repetidamente con las manos y, al fin, dijo:
-Las estrellas están en el aire,¿no es eso?
-Eso.
-Y la tierra esta en el aire también como otra estrella,¿verdad? - añadió.
-Si;al menos eso dice el maestro.
-Bueno, pues es lo que te digo. Si una estrella se cae y no choca con la Tierra ni con otra estrella, ¿no llega nunca al fondo? ¿es que ese aire que las rodea no se acaba nunca?
Daniel, el mochuelo, se quedó pensativo un instante. Empezaba a dominarle también a él un indefinible desasosiego cósmico. La voz surgió de su garganta indecisa y aguda como un lamento.
- Moñigo.
- ¿Que?
- No me hagas esas preguntas: me mareo.
- ¿Te mareas o te asustas?
- Puede que las dos cosas - admitió.
Rió, entrecortadamente, el Moñigo.
-Voy a decirte una cosa- dijo luego.
-¿Que?
- También a mí me dan miedo las estrellas y todas esas cosas que no se abarcan o no se acaban nunca. Pero no lo digas a nadie, ¿oye? Por nada del mundo querría que se enterase de ello mi hermana Sara."

viernes, 11 de junio de 2010

Buen día para olvidar

Llevo toda la noche buscando por casa al Señor Sapo.

He mirado debajo del sofá, en el mueble de la tele, incluso detrás del cesto de la ropa, donde suele dormir en verano.

Y hoy no quiere aparecer. Ni yo encuentro más motivos para esto . . .

Quizá debería haberme ido con él, pero tampoco me había avisado.

A veces pienso que no merece la pena. Y sin rodeos; que no mereces la pena.

Spotify sí que merece la pena, siempre me da alegrías. He escuchado "Bigmouth strikes again" unas catorce veces. Me gusta traducirla como "Bocachancla contraataca", y si soy un poco bocachancla...será porque no puedo evitarlo.

Esta tarde hablé con La Ardilla Roja. La echaba de menos, sinceramente. Ha sido uno de los mejores momentos del día.

¿Y ahora qué? ¿Qué quieres que haga? ¿Sentarme y esperar? El Señor Sapo no ha esperado a nadie, ¿por qué debería esperarte yo? .

Entonces me levanto, salto por encima del cargador del portátil, y como si no hubiese entrado antes, me acerco despacio al baño a retirar el cesto de la ropa...y vuelvo a no encontrarlo.

Tienes que contarme donde escapas cuando pierdes los motivos, o por lo menos, llévame alguna noche contigo. Prometo no contarlo a nadie, pero deberías dejar que te siguiera alguna vez. Yo también quiero evadirme y no pensar. Aunque los dos sepamos que es ella quien juega a no pensar. Te prometo que no hablaremos de ranas, pero hoy quiero perderme.

Buen día para olvidar, es el título de este post, y el de una canción que hasta hoy no había querido tanto. Porque al menos, la entiendo diferente. ¿Es un dia propicio para ser olvidado, o realmente... ¿es hoy un buen día para empezar a olvidar?

Estaba decidiendo si olvidar el día u olvidarme de tí y...justo antes de irme a dormir, he escuchado un ruido el el balcón.

Ha sido suave y discreto.

Miro desde el sofá y lo encuentro apoyado en la barandilla. Le brillan los ojos, sonríe.

Sigo sin saber de donde viene, pero ... de repente no me importa.

Ha llegado el Señor Sapo. Y se está lamiendo una pata como si fuera un gato.

Sé lo que está pensando, y el sabe lo que pienso yo. Sabe que esta noche casi me quedo sin motivos y he pensado en abandonar.

Y el Señor Sapo sabe la importancia de la paciencia. Ha querido enseñarme a esperar medio segundo más. Sinceramente...esta vez empezar a olvidar estuvo demasiado cerca.

Tú no has sido tan consciente, tú has levantado la bola de partido sin darte cuenta, en el último instante. Pero hay que darte el punto por válido.

Volverás a irte y volveré a no encontrar motivos. De hecho, algo me dice que será pronto.

El Señor Sapo lo sabe pero no quiere contármelo. Me conoce y sabe que me gustan las sorpresas... pero hasta cierto punto.

Por hoy ha sido suficiente.
El Señor Sapo duerme en casa. Confío en él, y agradezco que haya vuelto.
Y si vuelve a irse...sus motivos tendrá. Pero al menos esta noche ha demostrado que se merece el título de "señor".

Tu también volverás a irte. No sé si antes o después de mi siguiente "Buen día para olvidar", pero sospecho que si se solapan ambos instantes . . . no tendré ninguna intención de salvar el partido.

Creo que me retiraré antes de perderlo. Y el Señor Sapo me apoyará. Encogerá los hombros, se volverá a lamer la pata como los gatos, me mirará de reojo, y sin decir nada, se irá a dormir tras el cesto de la ropa.

Y todo volverá a estar en orden.

Cada uno en su casa, y tu Dios en la de todos.

...Que siga el partido ...

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jueves, 10 de junio de 2010

Historias (2ª parte)

-¿Qué quieres decir?
-Nada, es sólo una historia.
-¿Cómo sigue?
-¿Cómo sigue? No sigue. Pero podría seguir así:

Cuándo Xavier Otxoa salió de aquel lugar la cabeza le daba vueltas, incluso estaba un poco mareado, pero se sentía eufórico. La vida le había guiñado un ojo. Pero él tenía un problema enorme: nunca supo guiñar.

Así, con una mezcla de exaltación e impotencia, Xavier volvió a casa, a una casa que le parecía que estaba a cientos de kilómetros. Sus pies se calentaban con la larga caminata, pero cada vez tenía la cabeza más fría. Y seguía sin poder pensar con claridad.

Pasaron los días y todo en la vida del Sr. Otxoa parecía inalterado, como si nunca hubiera recibido aquella llamada. Volvió a levantarse cada día temprano, a no desperdiciar ni minuto de su tiempo y a trabajar en cosas de elevadísima importancia.

-Pero… no es verdad, ¿no? En el fondo algo habrá cambiado.
-No lo sé aún. Tendremos que descubrirlo conforme avance la historia.

lunes, 31 de mayo de 2010

Historias

-¿Y ahora qué?

- Y ahora, ¿qué? Mira, te voy a contar una historia:

Había una vez un señor llamado Xavier Otxoa Lasa. El Sr. Otxoa siempre estaba ocupado. Nunca tenía tiempo para nada ya que siempre estaba haciendo cosas de elevadísima importancia. Estaba muy contento ya que decía que lo peor que se puede hacer con el tiempo es perderlo. “¡No se recupera! Si lo pierdes, perdido queda” decía cada vez que alguien le sugería que se tomara la vida con más calma.

Un día, al irse a dormir, justo antes de cerrar los ojos, sonó su teléfono: “¿Xavier?”. Él se limito a asentir durante toda la conversación, a veces, exclusivamente con la cabeza así que al otro lado preguntaban de vez en cuando si seguía escuchando. Entonces él susurraba un sí que no llegaba a convencer a nadie. Lo único diferente que dijo en toda la conversación fue justo antes de colgar. Carraspeó un poco y dijo: “No, llevas toda la razón”. Y colgó.

A la mañana siguiente se levantó como de costumbre a las siete de la mañana, no podía perder ni un minuto. Era otro día más, de trabajo, de estudio, comer, leer y comprobar que sus amigos y familia seguían bien. Pero antes de irse a dormir miró el teléfono. Hoy no iba a sonar así que se vistió despacio, se peinó meticulosamente, se ajustó bien el nudo de la corbata cogió su sombrero y salió a la calle. “A veces hay que darse un capricho” pensaba mientras caminaba paralelo al río. El viento leve en la cara hacía que se olvidara del trabajo, del estudio, de comer, de leer y de sus amigos y familia. Siguió caminando y al llegar al final de su camino, abrió la puerta y entró.

- ¿Y?

- Y aquí estoy.

domingo, 2 de mayo de 2010

La Isla


- ¿Desde donde me hablas?, que no te veo.

- Estoy aquí.

- Aquí, ¿dónde?

- Da igual, sólo escucha: antes de que me vaya...

- ¿Irte?, ¿a dónde?

- Antes de que me vaya, tienes que pedirme algo.

- Pero, ¿dónde vas?, ¿qué tengo que pedirte?

- Lo sabrás cuando llegue el momento. Tengo que irme.

- ¡No te vayas!, ¿qué tengo que hacer?

- Ya lo has hecho...



PD: Tanta paz lleves, como descanso dejas.

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lunes, 26 de abril de 2010

Sintió cómo le robaban el mes de abril,
y despertó desnudo,
soñando que viajaba en un maletín.
Se sentía tan joven y tan viejo,
y tantas veces le tocaron las cicatrices,
que los besos ya no curaban igual.
Como un pez de ciudad,
deambula por las calles,
absorbiendo el oxígeno oxidado,
tocando sin tocar,
manteniendo su burbuja intacta,
y ajena,
siempre ajena.
Y es que su miedo era tan grande,
que también la incluía a ella.
Y la contagiaba.

lunes, 5 de abril de 2010

...pero a mí me gusta tanto...

- Eh! mira allí, que suerte, una piedra preciosa !
 
- Mhmhm... no, no sé de qué me hablas...

- Allí hombre, ¿pero no la ves?

- ¿Piedra preciosa? .... eso... eso es un ladrillo

- Ya... pero... pero a mí me gusta tanto...


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jueves, 18 de marzo de 2010

jueves, 4 de marzo de 2010

Creo que fue el momento
más nostálgico y doloroso de mi vida.
Más que mis seis y más que aquel chico
que decidió dejar de besarme.
Llovía con fuerza
y el aire olía a tristeza y a lirios.
Y a miedo también.
Yo sujetaba con fuerza su mano
mientras fijaba la vista en mis zapatos.
Entonces alguien dijo:
"Hasta los ángeles están llorando",
y recordé las tardes en el sofá,
tu manera de llamarme, la esquina de aquel banco,
y tu voz susurrándole.
En realidad confiabas ciegamente en él.

viernes, 12 de febrero de 2010

Coincidiendo

6:00 AM

Hace frío. Veo salir el vaho entre tus labios mientras esperamos el tren. No se abrirán para decir nada. Lo sé.

6:07 AM

Te veo entrar en el tren. Te sigo, y no sólo con la mirada. Me siento a tu lado y espero, pero el coraje no llega. Nunca llega.

6:30: AM

Me bajo del tren decepcionado conmigo mismo. Voy hacia el metro y veo que ya estás dentro, en el mismo vagón en el que me he subido. A mi lado de nuevo. Mirándonos de nuevo, pensando en si las coincidencias existen. Sin duda, si existen, no están faltas de ironía.

6:35 AM

Ya está. Cuando me baje del metro te diré que ha sido un placer conocerte esta noche. Me pondré en la puerta esperando para bajar y te lo diré.

6:37 AM

Me levanto y voy hacia la puerta del vagón en la que estás apoyada. Aún no abro la boca. Te giras hacia la puerta también. Ya no sé si esperaba que bajaras conmigo o que no. Lo único que se es que cuando bajaste, tomaste la dirección equivocada.

6:50 AM

Me meto en la cama. No puedo dormir. Aún coincidimos en mi cabeza.

martes, 19 de enero de 2010

[...]

y me esfuerzo en perseguirte

aunque hace tiempo que perdí tu rastro.

martes, 5 de enero de 2010

Esta noche...

Estoy muy nerviosa esta noche. Me cuesta dejar de pensar en tí, y no consigo concentrarme en casi nada que me proponga.

Me resulta tan injusto que todas mis ilusiones dependan de tí...casi tan injusto como saber que casi ni me conoces, y sin embargo, ya he dejado todo en tus manos.

No sé por qué no has contestado a mi carta. Puse toda mi esperanza y mis deseos en ella, pero aún no tengo tu respuesta...

Y a pesar de todo, hoy he salido a buscarte. Me he lanzado a la calle, decidida, y he buscado con ansia tu cara entre la multitud. Allí estabas. Tan elegante, pero tan lejano, tan innacesible. Te sientes único y sabes jugar tus cartas, todo el mundo se fija en tí, te mira y te sonríe, pero tu nunca eres capaz de clavar la mirada en nadie.

He vuelto casa impaciente, casi angustiada.

Cae la noche y comienzo a echarte en falta, ¿pero sabes? algo me dice que vendrás.
Sé que no he sido mala chica, y en el fondo, hasta confío en que tú tambien lo sabes.

Me costará mucho conciliar el sueño esta noche. Daré mil y una vueltas en mi cama, miraré la puerta imaginando que entras, silencioso, mientras yo hago que duermo.

Y de repente comprendo que no es posible. Me quedaré dormida y entonces llegarás tu, evitándome, como si no quisieras verme, o mejor dicho, como si no quisieras que yo pudiese verte a tí. ¿Que me escondes, por qué tanto misterio?

Me conozco bien la historia. Llegará la mañana y despertaré sola en mi cama. Volveré a mirar a la puerta, e incluso a la ventana, pero tú ya no estarás aquí.

Sin embargo, se que habrás estado aquí. Algo me dirá que estuviste conmigo en el cuarto, tan cerca, pero tan lejos... Cada vez se hace más insoportable.

Se me echa un nudo a la garganta mientras, precavida, te dejo algo en la cocina por si llegas con hambre.

Baltasar, sabes que todas mis ilusiones depende esta noche de tí. Por favor, tráeme este año la bicicleta.

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jueves, 24 de diciembre de 2009

Bellezas (en sensaciones)


La cara de alguien cuando abre un regalo.
La lluvia a través de un faro de un coche.
La navidad del 91.
La confianza recíproca.
Bailar cuando nadie te mira.
Nadar desnudo.
Oir hablar a un niño de 3 años.
El invierno en la orilla.
Llegar a casa y oler tu plato favorito.
Pegar la oreja en el pecho de alguien y oir los latidos.
Los "te echaba de menos".
Darte cuenta de que no te duele ninguna parte del cuerpo.
Las sonrisas cómplices.
Los dedos de los pies dormidos.
Cantar en la ducha.
La soledad compartida.
La sensación de haber hecho algo bien.
Volver a casa.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Bellezas

Cuando la madera de los muebles suena por las noches como un quejío ronco. Con lunas llenas grandes, de las que iluminan mucho.

Cuando buscas desesperadamente algo que tiene que estar en ese sitio y por fin allí está. Y sientes un gran alivio. Ese alivio.

Y el otro alivio, si se puede llamar alivio, también.

Cuando te da por hablar y resulta que no estás diciendo cosas estúpidas. O te da por estar callado y el silencio no es incómodo.

Cuando las fachadas de las casas tienen forma de cara.

Cuando arreglas el mundo. Pero mucho mejor cuando alguien lo arregla para ti.

Cuando ves fotos de cuando eras niño y, aunque no te des cuenta, se te dibuja una sonrisa. Esa sonrisa.

Y las otras sonrisas, muchas veces, también.

Otras no, pero no es el caso.

Y por supuesto siempre, pero siempre, que suena esa canción. La canción.

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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Belleza

El silencio absoluto, un gemido, un color puro, un rayo de luz perfectamente definido, el Sol despertándome en una mañana de verano, una cursiva, una esperanza, cada curva, cada nervio, su suavidad, el orden y el caos, el universo, el cauce de un rio y el perfil de una montaña.




martes, 15 de diciembre de 2009

Visita inesperada....

Hace un momento han llamado a la puerta del piso.

Y mira que yo no esperaba a nadie, como mucho a la vecina de enfrente, aunque ya me habían alertado de sus dotes psíquicas para el espionaje y sé que ella no necesita desplazarse.

A mi me sabe mal por "Nadie", que ibamos a continuar los post de "La Belleza", y ya te dije que lo intentaré, pero esto me ha superado.

Ha estado aquí el Yeti. Que sí, el Yeti. Al principio no lo había reconocido porque venía con un forro polar, creo que del Sprinter, pero ya cuando ha mirado asi para abajo..si, era él. Y pelao a lo cuadrao. No me preguntéis que quería, no lo he dejado pasar porque traía los pies mojados y le chorreaba el pelo.

Co - pón - que - frí - o - ha - ce - en - Va - len - cia ......


jueves, 3 de diciembre de 2009

Al menos lo intento

No sabía que estabas ahí.
De haberlo sabido... todo habría sido distinto.

Te habría ignorado desde el principio.