Urge que entiendas que lo que urge no es la noche sino el despertar.
Fragmento de Una educación sentimental, Laura Casielles
Juegas todos los días con la luz del universo.
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua.
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto
como un racimo entre mis manos cada día.
A nadie te pareces desde que yo te amo.
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur?
Ah déjame recordarte como eras entonces cuando aún no existías.
De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.
Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo solo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.
Tú estás aquí. Ah tú no huyes
Tú me responderás hasta el último grito.
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.
Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas,
y tienes hasta los senos perfumados.
Mientras el viento triste galopa matando mariposas
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela.
Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.
Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.
Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.
Es posible que debiéramos estar haciendo algo diferente ahora mismo,
algo como pensar en la primavera, o cargarnos de hojas de bambú.
Es posible que así lleguemos a saber dónde pisar, y hasta podamos tocar algo de algodón,
a ver si es tan dulce como dicen.
¿Que no entiendes lo que digo? Eso es porque nunca has pensado en buscarla.
A mi no me gustaría estar otros 120 años esperándola.
Y pasó que al Sr. Otxoa se le molestó. Quizá durante más tiempo del que a él le hubiera gustado, pero al final las cosas salieron bien.
Y así pasó el tiempo. Se podía decir que la vida le sonreía. Tenía un trabajo que le obsesionaba, una familia que quería, buenos amigos y alguien a su lado. Pero Xavier es un muy puntilloso, le gustan las cosas a su manera, que no quiere decir que no acepte otros puntos de vista, pero se siente incómodo y, a veces, se pone algo nervioso, hasta irritable...
Y pasó, que Xavier empezó a pensar que la cosas se pueden torcer, que no todo es bonito y maravilloso y que la vida sube y baja. Que hoy estás aquí y mañana puedes estar vete tu a saber dónde. Pero lo mejor mejor de todo es que él era plenamente consciente de ello, y aunque estuviera algo irritable, en el fondo estaba bien.
Xavier despertó lejos, muy lejos de casa. Pero ya sabía donde estaba, y le gustaba. Su vida había cambiado mucho en muy poco tiempo.Aunque hay cosas que nunca cambian, todas las mañanas se levantaba y se tomaba su tiempo para prepararse un buen café, y leer las noticias del día con tranquilidad. Solo que últimamente, a veces se le atragantaba el café, el amargor se le hacía extremadamente dulce, y ni siquiera usaba azúcar.En esos días, se limitaba a sonreír, y a aceptar lo que la vida le pusiera delante. Todo valía. Al menos de momento.El Sr. Otxoa puede ser algo temperamental a veces, no conviene molestarle.