Sintió cómo le robaban el mes de abril,
y despertó desnudo,
soñando que viajaba en un maletín.
Se sentía tan joven y tan viejo,
y tantas veces le tocaron las cicatrices,
que los besos ya no curaban igual.
Como un pez de ciudad,
deambula por las calles,
absorbiendo el oxígeno oxidado,
tocando sin tocar,
manteniendo su burbuja intacta,
y ajena,
siempre ajena.
Y es que su miedo era tan grande,
que también la incluía a ella.
Y la contagiaba.
26 abril 2010
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